«¿Cuánto me falta por pagar?»
Si tienes un consultorio dental, la pregunta llega en cada cita de un tratamiento largo: ortodoncia, implantes, una rehabilitación en varias etapas. El paciente abonó en marzo, en mayo pagó la mitad con tarjeta y el resto en efectivo, y en julio se le aplicó un descuento.
La respuesta vive en una libreta, en una hoja de cálculo y en la memoria de la recepcionista. Se tarda diez minutos en contestar y a veces no cuadra.
Cuando cada tratamiento tiene su presupuesto, sus abonos y su saldo en el mismo lugar —ligado al expediente del paciente—, la respuesta sale en un segundo y el paciente sabe exactamente cuánto le falta. Y el consultorio sabe cuánto tiene por cobrar en total.