Viernes, 9 de la noche, restaurante lleno.
La mesa 7 pidió hace cuarenta minutos y la comanda nunca llegó a cocina: se quedó en la libreta del mesero, entre la mesa 4 y la barra.
Si tienes un restaurante, conoces el resto: el cliente reclama, la cocina corre, alguien regala el postre y la noche se descuadra.
No es descuido del mesero. Es que el pedido viaja en papel y a gritos justo cuando hay más gente y más ruido.
Cuando la comanda sale del celular del mesero directo a la pantalla de cocina, con la hora en que se tomó, nada se queda en el camino. Y al cierre, lo que se vendió cuadra con lo que salió de cocina.