Este año nos lo preguntan en casi todas las juntas: ¿le podemos poner inteligencia artificial?
Se puede. Pero antes hay otra pregunta, menos vistosa: ¿de dónde va a leer?
Un modelo trabaja sobre lo que quedó escrito. Si las cotizaciones se cierran por teléfono y nadie anota por qué se perdieron, no hay nada que analizar. Si el motivo de cada devolución vive en la memoria de quien atendió ese día, tampoco. La herramienta no adivina: lee.
Casi siempre el problema no es falta de tecnología, es falta de registro. Y eso no se arregla comprando algo nuevo, se arregla decidiendo qué se captura, quién lo captura y en qué punto del proceso. Es la parte aburrida, la que nadie presume.
Vale la pena hacerla. Con dos años de ventas bien capturadas se puede estimar la compra del mes que entra; sin eso, queda un asistente que conversa muy bien y no sabe nada de su negocio.
Primero el dato. Después lo demás.