La báscula es de 2009 y no se va a cambiar.
Pasa seguido: llega el sistema nuevo y alguien da por hecho que hay que reemplazar todo. Casi nunca conviene. La báscula pesa bien, la terminal de cobro ya está contratada, la factura sale del portal del SAT y el banco manda su estado de cuenta todos los días. Nada de eso hay que volver a construirlo.
Lo que sí hay que decidir, y antes de programar, es por dónde se le habla a cada una de esas piezas. Unas tienen una puerta abierta y se conectan en un rato. Otras no tienen ninguna, o el proveedor cobra por abrirla, o la abre y no garantiza que siga ahí el año que entra.
Cuando no hay puerta, la respuesta honesta no es «se puede todo». Es decir cuál se queda fuera, qué implica y cómo se va a trabajar mientras tanto. Eso se sabe antes de firmar, no a media obra.
Un sistema a la medida no es el que reemplaza lo que ya tienes. Es el que se lleva bien con lo que se queda.