Se entregó el viernes. El lunes, todos seguían en la hoja de cálculo.
No por flojera. Por lo de siempre: nadie les enseñó con sus propios casos, la primera semana había que capturar doble «por si acaso», y cuando algo no cuadró, la hoja vieja seguía ahí, a un clic, funcionando como siempre.
Un sistema no se entrega: se pone en marcha con la gente que lo va a usar. En la práctica son tres cosas:
- capacitar con los datos y los casos reales de cada área, no con un manual genérico;
- fijar la fecha a partir de la cual la hoja vieja ya no se usa, y respetarla;
- tener a alguien disponible las primeras dos semanas para resolver dudas en el momento, antes de que la duda se convierta en «mejor lo hago como antes».
Cuando un sistema fracasa, casi nunca es por el código. Es porque el primer lunes nadie lo usó.