No entregamos el sistema completo de una sola vez.
Al acotar el alcance siempre sale una lista larga: facturación, inventario, reportes, permisos por usuario, y el módulo que alguien pidió en la segunda junta. Si se construye todo antes de encender nada, el negocio pasa meses pagando y esperando, y el día del arranque le cambian veinte cosas a la vez.
Preferimos poner en producción primero lo que quita más dolor. Casi siempre es una sola pantalla: la que hoy se resuelve con una hoja de cálculo que nada más entiende una persona. Esa entra, se usa dos semanas, y lo que aprendemos ahí cambia cómo construimos lo que sigue.
Tiene un costo y lo decimos de frente: durante un tiempo conviven el sistema nuevo y la forma vieja de hacer las cosas. A cambio, el negocio ve algo funcionando desde el principio, y nosotros corregimos con uso real en lugar de suposiciones.