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COSTANEXA INGENIERÍA DE SOFTWARE

No todos necesitan ver lo mismo.

Suena obvio y casi nunca está así. En muchos negocios todos entran con la misma clave, o con claves distintas que ven exactamente lo mismo: costos y utilidad, la nómina, el expediente completo de cada persona atendida. No fue una decisión; separar permisos se sintió complicado el día que se instaló el sistema y quedó para después.

El problema no es la desconfianza. Es que cuando todos pueden hacer todo, un error cuesta lo mismo que una mala intención. Alguien cancela un cobro que no debía, ajusta un precio, borra un registro, y después no hay manera de saber quién ni cuándo.

Nosotros lo armamos al revés. Quien cobra no necesita ver el margen. Quien agenda no necesita abrir el expediente. Cada persona ve lo que su trabajo pide y nada más, y las acciones delicadas —cancelar, ajustar inventario, cambiar un precio— quedan registradas con nombre y hora. No es para vigilar a nadie: es para que una duda se resuelva mirando el sistema en vez de preguntando de memoria.

Al revisar un sistema ajeno siempre hacemos la misma pregunta: ¿qué puede hacer aquí quien no debería?