«Sí, sí lo tengo.» Y no lo tenía.
Si tienes una ferretería, sabes cómo pasa. El cliente pregunta por una pieza, el sistema dice que hay tres, el vendedor va al anaquel y no hay ninguna. O al revés: el sistema dice cero, se le dice que no, y la caja estaba en la bodega.
Con miles de piezas chicas, el inventario se descuadra solo: una venta que no se registró, una devolución que se acomodó en otro lado, un proveedor que entregó menos de lo facturado.
No hace falta contar toda la tienda cada mes. Basta con contar un pasillo distinto cada semana, corregir en el momento y ver dónde se descuadra más. En unos meses el sistema vuelve a decir la verdad, y el «sí lo tengo» vuelve a significar algo.